Una estrecha relación existe entre la historia de un pueblo, la identidad y el patrimonio cultural. Este último representa lo que heredamos de nuestros predecesores y nuestra obligación debería ser conservarlo a su vez para las generaciones futuras. Los argentinos, y los tucumanos en particular, tenemos un serio conflicto con la conservación de este legado, sin embargo, ello no pareciera importarnos demasiado porque en forma constante estamos descuidando o depredando nuestro pasado. Ello está sucediendo actualmente con la conservación del edificio del ex Banco Provincia en Concepción y con la demolición del castillo de los Aráoz, ubicado en Bolívar 1.150.
En el primer caso, la sede bancaria fue declarada en 2005 patrimonio cultural provincial. Su deterioro se acentúa como consecuencia de la falta de mantenimiento que padece desde hace más de una década, cuando la entidad crediticia dejó de funcionar ahí tras su privatización. Según la Municipalidad de "La perla del sur", la edificación, que data de la década de 1940, corre el riesgo de acusar daños irreparables y acotó que nada puede hacer por ahora para salvarlo, porque en 2003 el inmueble fue transferido por la provincia al Poder Judicial. Allí funciona actualmente la Inspección de Juzgado de Paz.
Un arquitecto señaló que la ex sede financiera, ubicada frente la plaza Mitre, hace a la memoria de la ciudad y sugirió que podría pasar a manos del municipio y que este lo destine para actividades culturales. El estado del edificio que es una combinación de los estilos francés e italiano, es más que preocupante: revoques que se caen, aberturas deterioradas, proliferación de roedores y uno de sus habitáculos, en el que funcionaba un cajero automático, es usado como baño de emergencia. Según el intendente, se pidió el auxilio del Gobierno porque el valor del inmueble es elevado.
Por otro lado, el castillo de la calle Bolívar fue construido en 1899 por Luis Aráoz. En su arquitectura se mezclaban los estilos italiano y francés. A lo largo de su centuria, pasó de diversas manos y en las últimas décadas, el edificio fue ocupado ilegalmente en varias oportunidades y fue víctima del latrocinio. En 2004 , una arquitecta se propuso reciclar el inmueble para convertirlo en un bar temático, pero la falta de apoyo público y privado desalentó la iniciativa. Según funcionarios municipales, el castillo integraba el listado de cien construcciones de valor patrimonial e histórico, protegidas por una ordenanza en la que se invita a los propietarios a conservarlas, a cambio de reducción impositiva y apoyo para su mantenimiento. El año pasado, los actuales dueños solicitaron permiso para demolerlo porque el inmueble ya presentaba daños estructurales de riesgo y porque el costo de una restauración era elevadísimo.
En nuestro Suplemento de Actualidad, dedicamos un amplio espacio a la demolición del chalet de los Aráoz, así como a otras propiedades que cayeron bajo la piqueta. La Casa Histórica de la Independencia fue una de las víctimas más salientes. Fue demolida en 1903 y sólo se conservó el Salón de la Jura. Otros casos fueron el Cabildo que fue arrasado en 1908 o el teatro Belgrano, ubicado en San Martín 251, en 1960. La mayor parte de las argumentaciones para justificar la destrucción del legado es que se trataba de construcciones antiguas y que no valía la pena invertir en su conservación porque el deterioro estaba muy avanzado.
Pareciera ser que el criterio es que cuando un inmueble con valor histórico está muy arruinado, la salida más fácil y barata es tirarlo abajo. Si se lo hubiese conservado como corresponde, no se llegaría a un deterioro extremo. Lo real es que Tucumán sigue destruyendo su pasado, su identidad. Sería positivo que gobernantes y sociedad hiciesen algo para revertir esta mala costumbre.